martes, 13 de abril de 2010
El ejercicio de la maldad como un acto de justicia
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domingo, 28 de febrero de 2010
No te dije que te quitaras porque entonces no te hubiera podido atropellar
Juan Sánchez Andraka es uno de los esos casos raros dentro del mundo editorial mexicano en que un autor se vuelve bestseller a partir de la publicidad de boca en boca, nomás conozco su caso y el de Salvador Borrego, cuyo caso es todavía más extremo, pues sus escritos pro nazis han sufrido toda clase de boicots y de vetos y sin embargo sus libros y conferencias se venden bien.
Pero de quien comentaremos en este post es de Juan Sánchez Andraka, periodista guerrerense cuyos libros no son vetados o boicoteados, o promocionados, e igual se venden bastante bien. Su libro más reconocido es Un mexicano más que narra cómo un muchacho sumamente observador y en términos generales bueno y con ganas de aprender aprende, en efecto, cómo es que debe ser un mexicano si quiere progresar: taimado, hipócrita, doblemoral, zalamero con los poderosos y despótico con los menos afortunados que él; practicante de la ley del menor esfuerzo, reacio a la competencia, afecto a las redes amiguistas y un largo, erecto y eyaculante etcétera.
¿Cómo fue que se llevó a cabo su aprendizaje? Pues nada más observando las contradictorias costumbres nacionales, viendo qué es lo que hacen las personas quetransan avanzan en la vida y qué es lo que hacen aquellos a los que les suele ir mal, todo dentro del microcosmos de su poblado natal y familiar.
Así, en las primeras páginas el muchacho expresa su terror por ir a la escuela, el cual se le va quitando conforme va avanzando por la prepa y ganando “puntos” con sus maestros gracias a su extraordinaria memoria –primer detalle crítico: la educación en México privilegia la memoria por encima del razonamiento-, en particular con uno.
Este maestro es como el ideal de todo lo que un hombre mexicano quiere ser cuando sea grande: listo, entretenido, lleno de buenas palabras para los demás, con una familia amorosa recluida en su casa, para que no sea problema cuando vaya por la vida seduciendo a otras mujeres, ustedes saben, particularmente si son jóvenes… aficionado a la bebida, o sea, es muy hombre.
Este maestro no sólo le daría clases de civismo (lol), sino que le enseñaría todo lo que un mexicano necesita saber en la vida para triunfar en lo que se proponga. Le saldría un competidor, pero éste atraería la ruina sobre sí por ser frontal y sincero y también por defender su ideales, defender tu ideales es una cosa que no se debe hacer en México. El protagonista descubriría bien pronto que renunciar a ellos no nada más te da libertad de acción, sino que además el mero acto de renunciación a ellos te trae premios, reconocimientos y tratamiento especial de parte de los poderosos –segundo punto crítico: generaciones completas de políticos mexicanos fueron atraídos así al sector juvenil del PRI, luego por qué nos sorprendemos de que sean propenso a cambiar de chaqueta-; este asunto nos llevaría a un tercer punto crítico: la educación en México, a principios de los 60, ya era una broma macabra. Los exámenes de opción múltiple son diseñados para que incluso un inepto certificado pueda sacar la máxima calificación, lo que nos lleva a un cuarto punto crítico: En el sistema educativo mexicano los talentosos o se mueren de aburrimiento o se suicidan o se vuelven holgazanes.
Y así van saliendo situación crítica tras situación crítica. La lista es interminable, además de los detalles obvios que son narrados seudosimplistamente.
Platiquemos de la escuela de este muchacho: Dicen que es la mejor de la región por la gran disciplina que le infunden a los alumnos -ojo, no es la mejor en aprovechamiento, nada más endereza a los muchachos, ¿ya vieron?, es otro punto crítico- su uniforme es el más codiciado por los padres… pero en realidad la escuela está así de bien –relativamente hablando- porque el director es el compadre del presidente municipal, ¿a qué les suena esto?
El director es presentado como la suma de todas las falsedades que el mexicano común no se cuida de ocultar. Insufrible, despótico, aferrado al puesto, obviamente doblemoral –reprende al prota por cometer un abuso en contra de la rana y su objeto amoroso, el del prota, en una misma acción, pero es aficionado a la fiesta brava-, afirma que un hombre debe ser protector y respetuoso con las mujeres “porque son más débiles” (ROFLCOPTER), pero ya en la práctica las ve más bien como “intercambiables”… y así.
Este libro ya fue hecho película, pero se encuentra enlatado, tampoco me sorprende saber eso.
En las últimas páginas el muchacho, ya bastante aventajado en su aprendizaje, afirma su decisión de salir de su pueblo a estudiar, posiblemente en la Gloriosa UNAM, “algo fácil: leyes”, confiado en su poderosa memoria y a rodearse de amigos que le habrán de servir para avanzar sobre los demás. Sus ideas éticas sobre el bien, el mal y el amor, ya fueron pandeadas, ahora él es ya un mexicano más para beneplácito del PRI.
Recomiendo ampliamente la novelita, es extremadamente corta y la distribuye una editorial minúscula en una edición más parecida a las que hacían en Tampico para las Normales de verano, que a pesar de los pesares lleva ya a estas alturas del juego más de 45 ediciones seguramente, y digo eso porque mi ejemplar es del 2002 y es la edición número 43. La primera salió en 1966, lo que significa que el libro fue escrito entre 1964 y 1965.
Así que, bola de pazguatos, creían que la maestra es la fuente de todo lo mal que hay en la educación de México, ¿eh?, ¡pues tengan! La maestra Elba Esther Gordillo no es más que el producto más refinado del sistema educativo priista cuya principal meta no era que México progresara, sino que el PRI se mantuviera al mando.
Y lo lograron según se ve, porque se pudo sacar al PRI de Los Pinos, pero no del corazón de los mexicanos.
Pero de quien comentaremos en este post es de Juan Sánchez Andraka, periodista guerrerense cuyos libros no son vetados o boicoteados, o promocionados, e igual se venden bastante bien. Su libro más reconocido es Un mexicano más que narra cómo un muchacho sumamente observador y en términos generales bueno y con ganas de aprender aprende, en efecto, cómo es que debe ser un mexicano si quiere progresar: taimado, hipócrita, doblemoral, zalamero con los poderosos y despótico con los menos afortunados que él; practicante de la ley del menor esfuerzo, reacio a la competencia, afecto a las redes amiguistas y un largo, erecto y eyaculante etcétera.
¿Cómo fue que se llevó a cabo su aprendizaje? Pues nada más observando las contradictorias costumbres nacionales, viendo qué es lo que hacen las personas que
Así, en las primeras páginas el muchacho expresa su terror por ir a la escuela, el cual se le va quitando conforme va avanzando por la prepa y ganando “puntos” con sus maestros gracias a su extraordinaria memoria –primer detalle crítico: la educación en México privilegia la memoria por encima del razonamiento-, en particular con uno.
Este maestro es como el ideal de todo lo que un hombre mexicano quiere ser cuando sea grande: listo, entretenido, lleno de buenas palabras para los demás, con una familia amorosa recluida en su casa, para que no sea problema cuando vaya por la vida seduciendo a otras mujeres, ustedes saben, particularmente si son jóvenes… aficionado a la bebida, o sea, es muy hombre.
Este maestro no sólo le daría clases de civismo (lol), sino que le enseñaría todo lo que un mexicano necesita saber en la vida para triunfar en lo que se proponga. Le saldría un competidor, pero éste atraería la ruina sobre sí por ser frontal y sincero y también por defender su ideales, defender tu ideales es una cosa que no se debe hacer en México. El protagonista descubriría bien pronto que renunciar a ellos no nada más te da libertad de acción, sino que además el mero acto de renunciación a ellos te trae premios, reconocimientos y tratamiento especial de parte de los poderosos –segundo punto crítico: generaciones completas de políticos mexicanos fueron atraídos así al sector juvenil del PRI, luego por qué nos sorprendemos de que sean propenso a cambiar de chaqueta-; este asunto nos llevaría a un tercer punto crítico: la educación en México, a principios de los 60, ya era una broma macabra. Los exámenes de opción múltiple son diseñados para que incluso un inepto certificado pueda sacar la máxima calificación, lo que nos lleva a un cuarto punto crítico: En el sistema educativo mexicano los talentosos o se mueren de aburrimiento o se suicidan o se vuelven holgazanes.
Y así van saliendo situación crítica tras situación crítica. La lista es interminable, además de los detalles obvios que son narrados seudosimplistamente.
Platiquemos de la escuela de este muchacho: Dicen que es la mejor de la región por la gran disciplina que le infunden a los alumnos -ojo, no es la mejor en aprovechamiento, nada más endereza a los muchachos, ¿ya vieron?, es otro punto crítico- su uniforme es el más codiciado por los padres… pero en realidad la escuela está así de bien –relativamente hablando- porque el director es el compadre del presidente municipal, ¿a qué les suena esto?
El director es presentado como la suma de todas las falsedades que el mexicano común no se cuida de ocultar. Insufrible, despótico, aferrado al puesto, obviamente doblemoral –reprende al prota por cometer un abuso en contra de la rana y su objeto amoroso, el del prota, en una misma acción, pero es aficionado a la fiesta brava-, afirma que un hombre debe ser protector y respetuoso con las mujeres “porque son más débiles” (ROFLCOPTER), pero ya en la práctica las ve más bien como “intercambiables”… y así.
Este libro ya fue hecho película, pero se encuentra enlatado, tampoco me sorprende saber eso.
En las últimas páginas el muchacho, ya bastante aventajado en su aprendizaje, afirma su decisión de salir de su pueblo a estudiar, posiblemente en la Gloriosa UNAM, “algo fácil: leyes”, confiado en su poderosa memoria y a rodearse de amigos que le habrán de servir para avanzar sobre los demás. Sus ideas éticas sobre el bien, el mal y el amor, ya fueron pandeadas, ahora él es ya un mexicano más para beneplácito del PRI.
Recomiendo ampliamente la novelita, es extremadamente corta y la distribuye una editorial minúscula en una edición más parecida a las que hacían en Tampico para las Normales de verano, que a pesar de los pesares lleva ya a estas alturas del juego más de 45 ediciones seguramente, y digo eso porque mi ejemplar es del 2002 y es la edición número 43. La primera salió en 1966, lo que significa que el libro fue escrito entre 1964 y 1965.
Así que, bola de pazguatos, creían que la maestra es la fuente de todo lo mal que hay en la educación de México, ¿eh?, ¡pues tengan! La maestra Elba Esther Gordillo no es más que el producto más refinado del sistema educativo priista cuya principal meta no era que México progresara, sino que el PRI se mantuviera al mando.
Y lo lograron según se ve, porque se pudo sacar al PRI de Los Pinos, pero no del corazón de los mexicanos.
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viernes, 19 de febrero de 2010
Un poeta joven nacido en 1934
Una de las cosas que más me zurran de la República de las Letras es que todo es bulgar y bil autopromoción.
Cierto es que si no apareces en todo momento en los medios, ya sea escribiendo en perióquidos, revistas, gacetas, gacetillas; comentando en la tele y el radio asuntos de quemante actualidad o recomendando libros, o incluso teniendo polémicas más o menos bizantinas o defendiendo causas pías como los indígenas, los niños de la calle, el país y el maíz y el --tomo aire-- Tratamiento Ético a los Animales, pues no vendes porque eres invisible.
Pero mientras eso sucede, hay otros que simplemente se dedican a lo suyo, y son muy buenos en ello, pero que pasan de noche y en patines para desgracia de la banda.
Y en esa situación me cae un libro pequeño y módico escrito por alguien que dice llamarse Gerardo Deniz, de nombre Alebrijes.
Cierto es que si no apareces en todo momento en los medios, ya sea escribiendo en perióquidos, revistas, gacetas, gacetillas; comentando en la tele y el radio asuntos de quemante actualidad o recomendando libros, o incluso teniendo polémicas más o menos bizantinas o defendiendo causas pías como los indígenas, los niños de la calle, el país y el maíz y el --tomo aire-- Tratamiento Ético a los Animales, pues no vendes porque eres invisible.
Pero mientras eso sucede, hay otros que simplemente se dedican a lo suyo, y son muy buenos en ello, pero que pasan de noche y en patines para desgracia de la banda.
Y en esa situación me cae un libro pequeño y módico escrito por alguien que dice llamarse Gerardo Deniz, de nombre Alebrijes.
martes, 2 de febrero de 2010
El gran Sergio Zurita
En una antigua entrada aquí mismo escribí de Jorge Dorantes, El Llorch, posiblemente el escritor más prometedor de la primera década del siglo XXI y que lamentablemente se ha quedado en eso, en promesa, en esa misma entrada había dicho que Sergio Zurita trabajaría hasta el final de los tiempos para el doctor René Franco. Y no, no resultó así.
Sergio Zurita, en una decisión acertada, creyó que su traje de bufón le quedaba chico y que era la hora de empezar a ejercer su propio dominio. Pero de eso no se tratará esta entrada, sino de su escritura.
El que le diga bufón no es un insulto, un bufón tenía una función importantísima en la corte de un rey medieval, pues era él, usando el humorismo, quien le indicaba al poder sus errores. Y eso era Sergio Zurita en La Taquilla, quien usando el cerebro –y el señor es ni más ni menos que el cerebro más rápido del Oeste- le indicaba al doctor Franco, y también a los faranduleros, cómo ño, su errores y traspiés.
Al igual que muchas personas que admiro, sabe bien que México ha fracasado y que seguirá fracasando mientras la macuarriza que nos gobierna siga en pie en todas sus formas, empezando por el PRI y terminando con los delirios de grandeza que el loser común que habita nuestro territorio recibió de su madre.
Es más conocido por su labor en los medios, empezó ejerciendo como reportero cultural y de espectáculos. Ojo, para él ambas cosas son en realidad la misma, de ahí se comienza a ver la antipatía que despierta su figura en el ambiente culturoso. Luego, el doctor Franco, tras tenerlo de chalán en El Economista, se dio cuenta de su talento y se lo llevó cuando emprendieron en FM Globo el proyecto de La Taquilla.
Sergio Zurita, en una decisión acertada, creyó que su traje de bufón le quedaba chico y que era la hora de empezar a ejercer su propio dominio. Pero de eso no se tratará esta entrada, sino de su escritura.
El que le diga bufón no es un insulto, un bufón tenía una función importantísima en la corte de un rey medieval, pues era él, usando el humorismo, quien le indicaba al poder sus errores. Y eso era Sergio Zurita en La Taquilla, quien usando el cerebro –y el señor es ni más ni menos que el cerebro más rápido del Oeste- le indicaba al doctor Franco, y también a los faranduleros, cómo ño, su errores y traspiés.
Al igual que muchas personas que admiro, sabe bien que México ha fracasado y que seguirá fracasando mientras la macuarriza que nos gobierna siga en pie en todas sus formas, empezando por el PRI y terminando con los delirios de grandeza que el loser común que habita nuestro territorio recibió de su madre.
Es más conocido por su labor en los medios, empezó ejerciendo como reportero cultural y de espectáculos. Ojo, para él ambas cosas son en realidad la misma, de ahí se comienza a ver la antipatía que despierta su figura en el ambiente culturoso. Luego, el doctor Franco, tras tenerlo de chalán en El Economista, se dio cuenta de su talento y se lo llevó cuando emprendieron en FM Globo el proyecto de La Taquilla.
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martes, 29 de diciembre de 2009
Las batallas by JEP
José Emilio Pacheco es un amo, siempre lo ha sido y lo será con premios o sin ellos. Por ello, a pesar de ser la madrugada de un día esencialmente inhábil, me dedicaré a predicar en este mi púlpito en medio de la nada sobre Las batallas en el desierto, fácilmente su novela más famosa y de las mejores que se hayan escrito en México o sobre México.
sábado, 28 de noviembre de 2009
Minificciones
Supuestamente la minificción sólo se maneja como género en español y que según también se cultiva en portugués pero mucho menos, aunque hay muchas minificciones en otros idiomas no existen las oleadas de escritores que tratan de domar el fino arte de narrar historias en menos de una cuartilla, ésa es la medida que hace de la minificción mini… aunque como ya todos sabemos hay algunas genialidades que no llegan a tener ni un renglón, como el celebérrimo El dinosaurio de Monterroso o algunos otros, como por ejemplo El emigrante, cuyo texto completo, escrito por Luis Felipe Lomelí, trascribo a continuación:
Lo que ahí dijo me dejó pensando sobre la naturaleza de la minificción, pues mencionaron talleres, escritos, textos y sobre todo de algo con lo que estoy peleado a muerte: TÉCNICA.
Dijeron que existe una técnica para escribir minificciones, cosa que me resulta sorprendente.
Estoy de acuerdo que para escribir narrativa se tiene que tener una técnica. Yo uso la llamada “Pull” que me enseñó el Ing. Rafael Navia en Santa Fe con la esperanza de que colaborara con ello a la grandeza de la industria automotriz mexicana, no fue así, pero tampoco fue una pérdida total, pues descubrí que la técnica Pull también sirve para desarrollar narrativa.
Pero… ¿técnica para las minificciones?
Uno de los más grandes cultivadores del género fue Julio Cortázar, aunque como es de todos bien sabido –dice Lauro Zavala- el estilo mexicano es más ATM, o sea Arreola, Torri y Monterroso, pero me estoy desviando del tema, escribía que Julio Cortázar, genial cultivador de minificciones (y en general de ficciones de todos los tamaños) dejó para la posteridad este aforismo:
Karla Paniagua es buena, me gusta su estilo, varios de sus textos noquean de un solo golpe y además hay en todo el libro referencias que nada más un adicto a los internets como este que escribe conoce (un botón de muestra, pero OJO, NSFW, o lo que es lo mismo no abra este enlace si está en su trabajo), es más, hay ciertas cositas que le agregan interés a sus minicuentos porqueme sugieren que ella podría ser una chica que lurkea en 4chan y posiblemente hasta participe en él aprovechando el anonimato ESO NO ES CIERTO, NO HAY MUJERES EN INTERNET.
El problema con su libro es que no es consistente, la calidad de sus escritos es desigual, hay buenos, muy buenos y regulares, pero ni uno francamente malo como luego sí he visto que sucede con muchos consagrados. Algunos de sus golpes noqueadores van a dar al aire o no producen el efecto requerido, pero ya dije, ninguno tuvo la desgracia de dar en el blanco y recibir por respuesta un “mua mua, manacitos de bebé”.
También tiene otro problema: hacia el final, la historia que ella tomó como hilo conductor empieza a tener preeminencia sobre todas las otras hasta que se convierte en la única. De ese modo su libro pasa de ser de minificciones a ser de minificciones + una narración, lo cual no es malo en sí. Lo malo, lo verdaderamente malo es que siento que con ello y otros cambios que percibo a lo largo de volumen me dejan sintiendo que su personalidad por momentos se desvanece. ¿Qué significa eso? Que su libro fue sobretrabajado o sobretallereado. Hubo muchos opinando o hubo una sola Gran Opinión aportando sobre cómo debía quedar la versión final del volumen. Yo opino que cuando una persona crea tiene que haber un momento en que deba estar sola para que nada más ella asuma los riesgos de su creación y pues hay partes que parecen que ella no escribió.
Pero es nomás una sensación que me queda, seguro que se debe a que no he tomado mis medicinas.
Resumiendo, si yo hubiera tenido el manuscrito en mis manos y hubiera tenido los recursos para publicarlo igual lo habría hecho, tal como los muchachos de la revista Lenguaraz lo hicieron en éste que también es su debut como editorial “seria”; no pierda de vista ala mano derecha de Karla Paniagua, su debut es lo suficientemente prometedor como para que yo considere adquirir sus siguientes libros.
Calificación: Tres tenedores y medio de cinco posibles, siendo en este caso tenedores de libros.
-¿Olvida usted algo?Hace poco fui invitado a la presentación del libro Pobre amor heterosexual de Karla Paniagua y ahí estuvo invitado Lauro Zavala, persona que no conocía hasta antes de esa presentación y resultó ser una persona bien versada en el tema, un experto en la materia, pero bueno.
-Ojala…
Lo que ahí dijo me dejó pensando sobre la naturaleza de la minificción, pues mencionaron talleres, escritos, textos y sobre todo de algo con lo que estoy peleado a muerte: TÉCNICA.
Dijeron que existe una técnica para escribir minificciones, cosa que me resulta sorprendente.
Estoy de acuerdo que para escribir narrativa se tiene que tener una técnica. Yo uso la llamada “Pull” que me enseñó el Ing. Rafael Navia en Santa Fe con la esperanza de que colaborara con ello a la grandeza de la industria automotriz mexicana, no fue así, pero tampoco fue una pérdida total, pues descubrí que la técnica Pull también sirve para desarrollar narrativa.
Pero… ¿técnica para las minificciones?
Uno de los más grandes cultivadores del género fue Julio Cortázar, aunque como es de todos bien sabido –dice Lauro Zavala- el estilo mexicano es más ATM, o sea Arreola, Torri y Monterroso, pero me estoy desviando del tema, escribía que Julio Cortázar, genial cultivador de minificciones (y en general de ficciones de todos los tamaños) dejó para la posteridad este aforismo:
De manera que si con un cuento se tiene que noquear para ganar, en una minificción se tiene que noquear de un solo golpe. ¿Se puede hablar entonces de técnica cuando hablas de descontar cristianos yendo de a tiro por viaje? Porque un libro de minificciones bueno debe ser consistente y al decir consistente es más o menos el equivalente literario a Bruce Lee en El juego de la muerte, que en la parte final abarata chinos a diestra y siniestra.En la novela se gana por puntos, en el cuento por knock-out.
Karla Paniagua es buena, me gusta su estilo, varios de sus textos noquean de un solo golpe y además hay en todo el libro referencias que nada más un adicto a los internets como este que escribe conoce (un botón de muestra, pero OJO, NSFW, o lo que es lo mismo no abra este enlace si está en su trabajo), es más, hay ciertas cositas que le agregan interés a sus minicuentos porque
El problema con su libro es que no es consistente, la calidad de sus escritos es desigual, hay buenos, muy buenos y regulares, pero ni uno francamente malo como luego sí he visto que sucede con muchos consagrados. Algunos de sus golpes noqueadores van a dar al aire o no producen el efecto requerido, pero ya dije, ninguno tuvo la desgracia de dar en el blanco y recibir por respuesta un “mua mua, manacitos de bebé”.
También tiene otro problema: hacia el final, la historia que ella tomó como hilo conductor empieza a tener preeminencia sobre todas las otras hasta que se convierte en la única. De ese modo su libro pasa de ser de minificciones a ser de minificciones + una narración, lo cual no es malo en sí. Lo malo, lo verdaderamente malo es que siento que con ello y otros cambios que percibo a lo largo de volumen me dejan sintiendo que su personalidad por momentos se desvanece. ¿Qué significa eso? Que su libro fue sobretrabajado o sobretallereado. Hubo muchos opinando o hubo una sola Gran Opinión aportando sobre cómo debía quedar la versión final del volumen. Yo opino que cuando una persona crea tiene que haber un momento en que deba estar sola para que nada más ella asuma los riesgos de su creación y pues hay partes que parecen que ella no escribió.
Pero es nomás una sensación que me queda, seguro que se debe a que no he tomado mis medicinas.
Resumiendo, si yo hubiera tenido el manuscrito en mis manos y hubiera tenido los recursos para publicarlo igual lo habría hecho, tal como los muchachos de la revista Lenguaraz lo hicieron en éste que también es su debut como editorial “seria”; no pierda de vista a
Calificación: Tres tenedores y medio de cinco posibles, siendo en este caso tenedores de libros.
El mejor carpintero no es el que saca más virutas
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domingo, 4 de octubre de 2009
El Big Brother, la neolingua y por qué somos inmunes (por ahora) al totalitarismo
Tengámoslo por seguro, niños: 1984 es de las novelas más choteadas de la historia, quizá la que más lo ha sido, y no lo digo con ánimo de sugerir que esté sobrevalorada, nada de eso, a lo que me refiero es que esta novela ha sido ya revisada de arriba para abajo en casi todos sus aspectos. Vaya, si tan sólo George Orwell hubiese vivido unos añitos a su Magna Opus, pero también si las cosas hubiesen sido de un modo distinto probablemente las páginas de este libro no rebosarían de ese pesimismo que lo hacen único, y tal vez ni supiéramos que fue escrita. cosas que tiene la vida.
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