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viernes, 2 de noviembre de 2012

Metaescritura y fanfiction slash

English: Benjamin of Tudela in the Sahara, in ...
Benjamín Bar Yoná (a) "Benjamín de Tudela" es retratado en esta ilustración, sin embargo el texto lo describe un poco más alto, un poco más fornido, un poco más jóven... (Photo credit: Wikipedia).
Teníamos muchísimo tiempo de no escribir en este sitio, no saben cuánto lo lamente, pero así son las cosas. Este que escribe se dedica ahora a eso precisamente, a escribir en medios sociales, aplicando aquello de que "yo soy escritor y lo que escribo son tuits", y no sólo tuits, entradas de blog, post de Facebook, cabezas en Pinterest y cosas que antes hacía gratis y que ahora cobro por hacer. No por nada me siento ligeramente como un pornstar o una meretriz.

Entremos en materia.

Hace algún tiempo leí este libro tan peculiar: El mercader de Tudela, lo cual originalmente está encuadrado de lo llamado "novela histórica", a saber: Benjamín Bar Yoná es un personaje histórico, sí existió y dejó tras de sí abundantes rastros de su paso por este mundo en forma de pergaminos, textos que fue recabando y además agrandando merced a su espeluznante cultura. Tan lo fue que la autora Angelina Muñiz-Huberman deja escrito al inicio de su novela que se basó en dos textos para escribir su novela: The itinerary of Benjamin of Tudela de Marcus Nathan Adler, libro enteramente crítico literario y Libro de viajes de Benjamín de Tudela de José Ramón Magdalena Nom de Déu

¿Por qué digo peculiar? Porque no recuerdo haber puesto mis sucias garras encima de un texto que es varias cosas tan diferentes a la vez. Benjamín Bar Yona recibe en sueños la visita del Ángel de la Verdad, llamado Malaj ha-emet que le pide que deje sus estudios de la Torá y la Halajá, salga a recorrer el mundo y tome registro de sus viajes.

Eso podría hacer que se considere al libro originalmente una relación de viajes, pero hay dos aspectos que sobresalen muchísimo de la novela.

El primero es la metaescritura. Benjamín escribe que escribe, sueña que escribe y se pregunta qué significa que él escriba, escribe y lo disfruta, pero se pregunta igual si tiene algún caso que escriba y si sus estudios, sus ingentes conocimientos en las lenguas del mundo antiguo y otras cosas que va aprendiendo a la larga servirán de algo. Esto le da a su novela una profundidad oceánica que por sí sola justifica que una editorial como el mismísimo Fondo de Cultura Económica lo haya editado.

Igual de sobresaliente es la trama... y no por la maestría de la autora en estos menesteres, sino porque, por momentos, me da la impresión de que estoy leyendo a una puberta escribiendo un fanfic entre los personajes de iCarly o un dojinshi yaoi, Benjamín tiene muchísimos amores, la primera y más importante es Alucena, le seguirían Agdala, Alouette, Irit, Sarai, Farawi (?), Asael (???)... Todo es aprendizaje, cruzar el Mediterráneo, avanzar por Grecia hasta Tierra Santa, de ahí a Egipto y de Egipto a... y perderse en el cuerpo del prójimo con la esperanza de encontrarse así o imaginar su lugar en el mundo, pero de una manera que para mí ya es demasiado conocida.

Investigadores dicen que el viaje pudo durar de 5 a 14 años y que regresó finalmente a España aunque no se supo mucho más; aprendizaje que involucró perderse en el cuerpo del prójimo para entender

Hay otros dos detalles que me llaman la atención: El texto en ocasiones se vuelven ininteligibles con el objetivo de plasmar el estado que en ocasiones se acercaban a la catatonia: yo blogueo porque me gusta bloguear.

No hay páginas que llenar, sólo el texto.
Texto que viene de la esencia del todo, todo que a la vez es nada.
Nada entre la nada.
Nada entre las letras.
Nada, ergo, blog.
Blog, que es de nada.
Nada, nada...

Otra cosa que me llegó es la manera en la que describe la culta manera de vivir de los antiguos estudiosos, en mi adolescencia me enteré gracias a las notas que venían en la edición familiar del Rubaiyat de Omar Khayyam que hubo hombres que igual dedicaban sus días al estudio arduo de todas las ciencias y sus noches al placer del vino y a disfrutar de la compañía de mentes abrillantadas por el ciencia y cuerpos embellecidos por el ejercicio.

¿Que si lo recomiendo? Claro que sí. Lo malo es que mi ejemplar sufrió daños gracias a una de las tormentitas de esta temporada en combinación de una nefasta gotera en mi estudio.

Ya que.
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martes, 3 de mayo de 2011

La casa de las bellas durmientes

Yasunari Kawabata
Yasunari Kawabata (Photo credit: Huang Xiang and William Rock).
Cuando leí Memorias de mis putas tristes de Gabriel García Márquez me enteré de la existencia de este otro. Según fue la inspiración del de García Márquez, pero sabedor de queal colombiano le raya el culebrón y el melodrama, y que también Yasunari Kawabata fue el mentor de alguien como Yukio Mishima, sentí que los libros sólo compartían un ángulo, una simple arista de la temática: la vejez.

Éste no es el primer libro que leo de Kawabata, antes había leído País de nieve, sí ustedes se han dado una vueltecita por este sitio sabrán que ese libro nos lo agenciamos en una venta nocturna del Fondo de Cultura. Y a pesar de que también es una novela melodramática, el estilo es bastante distinto al del nobel colombiano.

Gabriel Garcia MarquezImage via Wikipedia Pues la novela comienza bien, un señor de 67 años, ya viejo para la época que describe la novela, está por empezar una forma de perversión nueva: dormir -nada más dormir- junto a jovencitas narcotizadas desnudas. Ya que está anciano y por lo tanto, es inofensivo para la seguridad de la jovencitas, puede dormir con ellas ante la sagacidad de la señora que atiende la casa. Hay reglas, claro está, de qué no puede hacer, y al ser este hombre básicamente de buen corazón, no se atreve a romperlas, y se limita a yacer desnudo junto a adolescentes vírgenes desnudas, lo cual lo lleva a recordar a todas las mujeres que amó en su vida.


Ahí mero radica la diferencia, Memorias de mis putas tristes es como el renacimiento de un protagonista que acaba de cumplir 90 años tras enamorarse de una jovencísima prostituta, creo que de 13 años; La casa de las bellas durmientes por su parte es una especie de preparación para la muerte, de ahí que el comience a recordar las mujeres de su vida. La última parte tiene partes de plano surreales.

Y al final, el estilo de Kawabata, preciso, contundente, prevalece sobre el de García Márquez, cuyo libro no pasa de ser un ejercicio que no trasciende más allá. Y mientras me zampaba este libro, también disfrutaba de Tokyo Blues de Haruki Murakami, escritor japonés contemporáneo que muchos ya quieren darle el Nobel de literatura, nada que ver digo yo...


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martes, 31 de agosto de 2010

Paisajes después de la batalla

Despues de la TormentaNo es París, pero da una idea del libro. Image by PiggBox via FlickrHabía una vez un barrio parisino llamado El Sentier, este barrio era muy típico de la Ciudad Luz, todo, hasta los inmigrantes, encajaban bien hasta que un día ocurrió la catástrofe: pintas en un idioma inintelegible oriental comenzaron a cubrir las paredes del barrio. Hay quienes acusan de tal desastre a un personaje peculiar que se hace llamar a sí mismo "el Reverendo", el mencionado Reverendo, por otro lado, afirma para sí mismo que es en realidad un amanuense. Alguien que se dedica a tomar nota y escribir sobre la situación en la que se encuentra Francia, París y El Sentier.
Después de varios siglos de cómplice y cobarde silencio sobre el genocidio del pueblo oteka, exterminado por las hordas tártaras, con la connivencia del Celeste Imperio y otras potencias asiáticas, hemos decidido pasar a la acción...
La narración es fluída y se encuentra repleta de esas pequeñas incorrecciones que cometen con toda la mala intensión aquellos que ya dominaron la ortodoxia del castellano y que, como paso lógico, buscan estirarlo a la heterodoxia. Las aventuras del Reverendo lo llevan a realizar actos de troleo como escribir cartas a las estaciones de radio sobre sus "preferencias sexuales" (masturbar perros en la vía pública); seducir lolis con la ayuda de un ratoncito blanco, lolis a las que después les dedica poemas y anagramas que redacta sobre árboles de parques y paredes; escribir en el periódico El País textos científicos y pseudocientíficos; contestar y enviar a periódicos locales mensajes personales de índole hardcore por los lulz; entrar a los cines pornos de Saint Denis para... analizar la concurrencia; mantener alejada de sus correrías a su invisible esposa, de la que se dice que está prisionera en el piso de junto; inmiscuirse en grupos tanto terroristas como separatistas, y que por eso mismo es considerado por más de uno como un monstruo.
El Reverendo declara que él estaba ensimismado, vivía como un anacoreta en su piso del Sentier hasta que un día salió a la calle y se encontró con el paisaje. Su barrio, su ciudad, su país estaban tomados por las venidos de fuera. Que él también se sintió ultrajado por las pintas escritas en ¿árabe?, ¿paquistaní?, ¿bengalí? Que esas mismas pintas lo llevaron a ser el amanuense que dice ser. Sin embargo, los que siguen sus correrías dicen que lo han visto consultar astrólogos, brujos y santones africanos, admirar la danza árabe y ponderar con mirada conocedora los artículos que los mercachifles le ofrecen en la calle. Él, por su parte, dice que le repugnan los extranjeros, la pobreza en que viven, la suciedad que les rodea y el modo en que contaminan el entorno, pero que lo que más le enoja es que se sienta como un extranjero en su propio barrio gracias a ellos.
¿Cuál es la verdad del Reverendo? El bloguero hace notar al lector que el Reverendo no es un narrador de fiar, cuenta lo que le conviene, la embellece o la ensucia según le sienta, nos muestra los recortes de aquellas noticias que le viene bien a la construcción de su mundo, además las modifica, hace lo posible para que le creamos, rara vez sabemos qué es lo que realmente sucede en su mundo.
También hacemos notar que Juan Goytisolo afirma tener un doppelgänger -o un maldito suplantador- al inicio del libro, y el Reverendo además tiene fijación por las fotos de lolis que tomó el escritor conocido como Lewis Carroll. Ello nos hace suponer lo que realmente es nuestro protagonista.
Este libro necesita muchas lecturas porque es básicamente un laberinto de espejos, lo cual hace que el bloguero lo recomiende ampliamente a pesar de llevar una nada más.
Y que gire el hamster.
Paisajes después de la batalla, Juan Goytisolo. 
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martes, 18 de mayo de 2010

El hombre que fue Jueves

Corin Tellado supporting an internet claim for...

Corín Tellado no aprueba el contenido de este artículo Image vía Wikipedia

Hace un ratote que me leí esa novela de G. K. Chesterton, y no había podido escribir al respecto por varios motivos que salen del alcance de este blog (ay ay ay). Fue de las primeras que me refiné cuando tenía La Habilidad recién adquirida, sí, ésa que me permitió leerme más de 40 libros el año pasado más lo que me aventé de la chamba. En este caso ya le traiba ganas por un solo detalle: La edición de Seix Barral que tengo tenía una notita en la página legal que daba fe de que la traducción la hizo Alfonso Reyes, ahí nomás.

Lo que hallé fue todavía mejor, resultó ser una novela policiaca de las buenas pero con el plus genial de que se lee en muchos niveles.

De qué trata es bien conocido ya: un agente especial de la policía británica se logra infiltrar en el consejo supremo de una sociedad secreta anarquista, sociedad que tiene por único fin la destrucción de la civilización tal como se le conoce, más simple y más claro no puede estar explicado el objetivo. Los miembros de ese consejo llevan como nombre clave cada uno de los días de la semana y al protagonista le toca ser nada menos que “Jueves”, de ahí el nombre del libro; el líder del consejo, “Domingo” alias “Domingo de Sangre”, es un ser descrito como “sobrehumano” por su tamaño, inteligencia y apariencia. La admiración que despierta en el consejo sólo se equipara al temor que suscita… y ya no digo más. Es quizá de las mejores novelas que he leído y que seguramente leeré en mi vida.

Respecto a sus muchos niveles se puede decir cualquier cosa, que es una gran novela policiaca, que está repleta de aventuras, pero también que tiene un contenido significante sobre la dualidad del bien y del mal y su eterna lucha, que cuando el mal parece tener el control en realidad es el bien quien tiene el control, o al revés; y que también podría ser la pasión de Cristo vuelta a narrar, una pasión en la que todos son Pedro y Judas al mismo tiempo.

El Fondo de Cultura Económica ha sacado una edición ultrabarata de este mismo texto con la misma traducción de Alfonso Reyes, si alguno de mis lectores prefiere perderse esta delicia es porque tiene el sentido de la belleza atrofiado y preferiría, por decir algo, queso amarillo americano en rebanadas en lugar de un buen Camembert; las telenovelas de TV Azteca en lugar de algunas de las series de HBO y, desde luego, leer en el Vanidades alguna novelita de Corín Tellado. Bu.

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martes, 13 de abril de 2010

El ejercicio de la maldad como un acto de justicia

La primera vez que leí Diablo guardián de don Xavier Velasco no le entendí. Pensé que era una colección de Pato-Porno-aventuras sí muy divertidas, pero hasta ahí. Lo interesante del caso es que con todo y todo lo consideraba el único Premio Alfaguara de novela que sí es triunfador, pues todos los otros que han caído en mis garras no pasan de ejercicios de estilo mamucos en el mejor de los casos.

domingo, 28 de febrero de 2010

No te dije que te quitaras porque entonces no te hubiera podido atropellar

Elba Esther Gordillo
Hela aquí, más mala que la bruja de Blanca Nieves, pero con peor dicción. Image via Wikipedia
Juan Sánchez Andraka es uno de los esos casos raros dentro del mundo editorial mexicano en que un autor se vuelve bestseller a partir de la publicidad de boca en boca, nomás conozco su caso y el de Salvador Borrego, cuyo caso es todavía más extremo, pues sus escritos pro nazis han sufrido toda clase de boicots y de vetos y sin embargo sus libros y conferencias se venden bien.
Pero de quien comentaremos en este post es de Juan Sánchez Andraka, periodista guerrerense cuyos libros no son vetados o boicoteados, o promocionados, e igual se venden bastante bien. Su libro más reconocido es Un mexicano más que narra cómo un muchacho sumamente observador y en términos generales bueno y con ganas de aprender aprende, en efecto, cómo es que debe ser un mexicano si quiere progresar: taimado, hipócrita, doblemoral, zalamero con los poderosos y  despótico con los menos afortunados que él; practicante de la ley del menor esfuerzo, reacio a la competencia, afecto a las redes amiguistas y un largo, erecto y eyaculante etcétera.
¿Cómo fue que se llevó a cabo su aprendizaje? Pues nada más observando las contradictorias costumbres nacionales, viendo qué es lo que hacen las personas que transan avanzan en la vida y qué es lo que hacen aquellos a los que les suele ir mal, todo dentro del microcosmos de su poblado natal y familiar.
Así, en las primeras páginas el muchacho expresa su terror por ir a la escuela, el cual se le va quitando conforme va avanzando por la prepa y ganando “puntos” con sus maestros gracias a su extraordinaria memoria –primer detalle crítico: la educación en México privilegia la memoria por encima del razonamiento-, en particular con uno.
Este maestro es como el ideal de todo lo que un hombre mexicano quiere ser cuando sea grande: listo, entretenido, lleno de buenas palabras para los demás, con una familia amorosa recluida en su casa, para que no sea problema cuando vaya por la vida seduciendo a otras mujeres, ustedes saben, particularmente si son jóvenes… aficionado a la bebida, o sea, es muy hombre.
Este maestro no sólo le daría clases de civismo (lol), sino que le enseñaría todo lo que un mexicano necesita saber en la vida para triunfar en lo que se proponga. Le saldría un competidor, pero éste atraería la ruina sobre sí por ser frontal y sincero y también por defender su ideales, defender tu ideales es una cosa que no se debe hacer en México. El protagonista descubriría bien pronto que renunciar a ellos no nada más te da libertad de acción, sino que además el mero acto de renunciación a ellos te trae premios, reconocimientos y tratamiento especial de parte de los poderosos –segundo punto crítico: generaciones completas de políticos mexicanos fueron atraídos así al sector juvenil del PRI, luego por qué nos sorprendemos de que sean propenso a cambiar de chaqueta-; este asunto nos llevaría a un tercer punto crítico: la educación en México, a principios de los 60, ya era una broma macabra. Los exámenes de opción múltiple son diseñados para que incluso un inepto certificado pueda sacar la máxima calificación, lo que nos lleva a un cuarto punto crítico: En el sistema educativo mexicano los talentosos o se mueren de aburrimiento o se suicidan o se vuelven holgazanes.
Y así van saliendo situación crítica tras situación crítica. La lista es interminable, además de los detalles obvios que son narrados seudosimplistamente.
Platiquemos de la escuela de este muchacho: Dicen que es la mejor de la región por la gran disciplina que le infunden a los alumnos -ojo, no es la mejor en aprovechamiento, nada más endereza a los muchachos, ¿ya vieron?, es otro punto crítico- su uniforme es el más codiciado por los padres… pero en realidad la escuela está así de bien –relativamente hablando- porque el director es el compadre del presidente municipal, ¿a qué les suena esto?
El director es presentado como la suma de todas las falsedades que el mexicano común no se cuida de ocultar. Insufrible, despótico, aferrado al puesto, obviamente doblemoral –reprende al prota por cometer un abuso en contra de la rana y su objeto amoroso, el del prota, en una misma acción, pero es aficionado a la fiesta brava-, afirma que un hombre debe ser protector y respetuoso con las mujeres “porque son más débiles” (ROFLCOPTER), pero ya en la práctica las ve más bien como “intercambiables”… y así.
Este libro ya fue hecho película, pero se encuentra enlatado, tampoco me sorprende saber eso.
En las últimas páginas el muchacho, ya bastante aventajado en su aprendizaje, afirma su decisión de salir de su pueblo a estudiar, posiblemente en la Gloriosa UNAM, “algo fácil: leyes”, confiado en su poderosa memoria y a rodearse de amigos que le habrán de servir para avanzar sobre los demás. Sus ideas éticas sobre el bien, el mal y el amor, ya fueron pandeadas, ahora él es ya un mexicano más para beneplácito del PRI.
Recomiendo ampliamente la novelita, es extremadamente corta y la distribuye una editorial minúscula en una edición más parecida a las que hacían en Tampico para las Normales de verano, que a pesar de los pesares lleva ya a estas alturas del juego más de 45 ediciones seguramente, y digo eso porque mi ejemplar es del 2002 y es la edición número 43. La primera salió en 1966, lo que significa que el libro fue escrito entre 1964 y 1965.
Así que, bola de pazguatos, creían que la maestra es la fuente de todo lo mal que hay en la educación de México, ¿eh?, ¡pues tengan! La maestra Elba Esther Gordillo no es más que el producto más refinado del sistema educativo priista cuya principal meta no era que México progresara, sino que el PRI se mantuviera al mando.
Y lo lograron según se ve, porque se pudo sacar al PRI de Los Pinos, pero no del corazón de los mexicanos.
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viernes, 19 de febrero de 2010

Un poeta joven nacido en 1934

Una de las cosas que más me zurran de la República de las Letras es que todo es bulgar y bil autopromoción.

Cierto es que si no apareces en todo momento en los medios, ya sea escribiendo en perióquidos, revistas, gacetas, gacetillas; comentando en la tele y el radio asuntos de quemante actualidad o recomendando libros, o incluso teniendo polémicas más o menos bizantinas o defendiendo causas pías como los indígenas, los niños de la calle, el país y el maíz y el --tomo aire-- Tratamiento Ético a los Animales, pues no vendes porque eres invisible.

Pero mientras eso sucede, hay otros que simplemente se dedican a lo suyo, y son muy buenos en ello, pero que pasan de noche y en patines para desgracia de la banda.
Y en esa situación me cae un libro pequeño y módico escrito por alguien que dice llamarse Gerardo Deniz, de nombre Alebrijes.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Minificciones

Supuestamente la minificción sólo se maneja como género en español y que según también se cultiva en portugués pero mucho menos, aunque hay muchas minificciones en otros idiomas no existen las oleadas de escritores que tratan de domar el fino arte de narrar historias en menos de una cuartilla, ésa es la medida que hace de la minificción mini… aunque como ya todos sabemos hay algunas genialidades que no llegan a tener ni un renglón, como el celebérrimo El dinosaurio de Monterroso o algunos otros, como por ejemplo El emigrante, cuyo texto completo, escrito por Luis Felipe Lomelí, trascribo a continuación:
-¿Olvida usted algo?
-Ojala…

Hace poco fui invitado a la presentación del libro Pobre amor heterosexual de Karla Paniagua y ahí estuvo invitado Lauro Zavala, persona que no conocía hasta antes de esa presentación y resultó ser una persona bien versada en el tema, un experto en la materia, pero bueno.
Lo que ahí dijo me dejó pensando sobre la naturaleza de la minificción, pues mencionaron talleres, escritos, textos y sobre todo de algo con lo que estoy peleado a muerte: TÉCNICA.
Dijeron que existe una técnica para escribir minificciones, cosa que me resulta sorprendente.
Estoy de acuerdo que para escribir narrativa se tiene que tener una técnica. Yo uso la llamada “Pull” que me enseñó el Ing. Rafael Navia en Santa Fe con la esperanza de que colaborara con ello a la grandeza de la industria automotriz mexicana, no fue así, pero tampoco fue una pérdida total, pues descubrí que la técnica Pull también sirve para desarrollar narrativa.
Pero… ¿técnica para las minificciones?
Uno de los más grandes cultivadores del género fue Julio Cortázar, aunque como es de todos bien sabido –dice Lauro Zavala- el estilo mexicano es más ATM, o sea Arreola, Torri y Monterroso, pero me estoy desviando del tema, escribía que Julio Cortázar, genial cultivador de minificciones (y en general de ficciones de todos los tamaños) dejó para la posteridad este aforismo:

En la novela se gana por puntos, en el cuento por knock-out.

De manera que si con un cuento se tiene que noquear para ganar, en una minificción se tiene que noquear de un solo golpe. ¿Se puede hablar entonces de técnica cuando hablas de descontar cristianos yendo de a tiro por viaje? Porque un libro de minificciones bueno debe ser consistente y al decir consistente es más o menos el equivalente literario a Bruce Lee en El juego de la muerte, que en la parte final abarata chinos a diestra y siniestra.

Karla Paniagua es buena, me gusta su estilo, varios de sus textos noquean de un solo golpe y además hay en todo el libro referencias que nada más un adicto a los internets como este que escribe conoce (un botón de muestra, pero OJO, NSFW, o lo que es lo mismo no abra este enlace si está en su trabajo), es más, hay ciertas cositas que le agregan interés a sus minicuentos porque me sugieren que ella podría ser una chica que lurkea en 4chan y posiblemente hasta participe en él aprovechando el anonimato ESO NO ES CIERTO, NO HAY MUJERES EN INTERNET.
El problema con su libro es que no es consistente, la calidad de sus escritos es desigual, hay buenos, muy buenos y regulares, pero ni uno francamente malo como luego sí he visto que sucede con muchos consagrados. Algunos de sus golpes noqueadores van a dar al aire o no producen el efecto requerido, pero ya dije, ninguno tuvo la desgracia de dar en el blanco y recibir por respuesta un “mua mua, manacitos de bebé”.
También tiene otro problema: hacia el final, la historia que ella tomó como hilo conductor empieza a tener preeminencia sobre todas las otras hasta que se convierte en la única. De ese modo su libro pasa de ser de minificciones a ser de minificciones + una narración, lo cual no es malo en sí. Lo malo, lo verdaderamente malo es que siento que con ello y otros cambios que percibo a lo largo de volumen me dejan sintiendo que su personalidad por momentos se desvanece. ¿Qué significa eso? Que su libro fue sobretrabajado o sobretallereado. Hubo muchos opinando o hubo una sola Gran Opinión aportando sobre cómo debía quedar la versión final del volumen. Yo opino que cuando una persona crea tiene que haber un momento en que deba estar sola para que nada más ella asuma los riesgos de su creación y pues hay partes que parecen que ella no escribió.
Pero es nomás una sensación que me queda, seguro que se debe a que no he tomado mis medicinas.
Resumiendo, si yo hubiera tenido el manuscrito en mis manos y hubiera tenido los recursos para publicarlo igual lo habría hecho, tal como los muchachos de la revista Lenguaraz lo hicieron en éste que también es su debut como editorial “seria”; no pierda de vista a la mano derecha de Karla Paniagua, su debut es lo suficientemente prometedor como para que yo considere adquirir sus siguientes libros.
Calificación: Tres tenedores y medio de cinco posibles, siendo en este caso tenedores de libros.

El mejor carpintero no es el que saca más virutas
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domingo, 4 de octubre de 2009

El Big Brother, la neolingua y por qué somos inmunes (por ahora) al totalitarismo

Tengámoslo por seguro, niños: 1984 es de las novelas más choteadas de la historia, quizá la que más lo ha sido, y no lo digo con ánimo de sugerir que esté sobrevalorada, nada de eso, a lo que me refiero es que esta novela ha sido ya revisada de arriba para abajo en casi todos sus aspectos. Vaya, si tan sólo George Orwell hubiese vivido unos añitos a su Magna Opus, pero también si las cosas hubiesen sido de un modo distinto probablemente las páginas de este libro no rebosarían de ese pesimismo que lo hacen único, y tal vez ni supiéramos que fue escrita. cosas que tiene la vida.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Libros de la venta nocturna del Fondo de Cultura

Hace una semana fui a la venta nocturna de una de las Librerías del Fondo de Cultura Económica, quizá la mejor organización cultural que tenga México, precisamente ellos tuvieron a bien organizar una venta nocturna porque celebran 75 años.

martes, 11 de agosto de 2009

Desayuno de campeones

A don Kurt Vonnegut le debemos mucho, fue el primer autor que leí cuyos textos eran 100% literatura. Fue un descubrimiento el haber encontrado Payasadas (Slapstick) en el librero de la casa, teníamos muchos libros entonces, sepa el Gran Espíritu dónde quedaron todos ellos. Después caerían en mis garras otros de sus libros, pero me faltaba un libro en particular que era éste.

En plena crisis sanitaria por la influenza porcina (a) “AH1N1” caí en una librería de viejo de la Condesa en donde lo encontré: Desayuno de campeones, editado por el sello Bolsilibros A.L, de La Habana, Cuba, en el año 30 de la Revolución, y sin tener siquiera un ISBN. Me valió gorro que ese ejemplar costara $100 pesos, que es mucho más de lo que estoy dispuesto a pagar por un libro de viejo y lo hice gustoso. ¿por qué?, porque Desayuno de campeones es conocida como al obra maestra de don Kurt Vonnegut. Ya sabrán la alegría que me dio llegar a mi casa con ese libro.

Dostoievski dijo que todo es como el océano; yo digo que todo es como el celofán.

Cuando lo terminé me quedé con cara de wut, aparentemente la que era según la obra maestra de Kurt Vonnegut era el libro con la premisa más débil de todos los que le he leído. La cosa era así: Escritor de Ciencia Ficción es invitado a una ciudad más o menos pequeña del Medio Oeste gringo a una feria de las ciencias y las artes; dueño de concesionaria de Pontiac está perdiendo todos los tornillos de su cabeza. Escritor de Ciencia Ficción deja un rastro de ideas infecciosas en su camino, llega a la ciudad de tamaño más o menos pequeño; se encuentran ambos en la inauguración la feria; al concesionario de Pontiac, tras ser expuesto a las ideas infecciosas del escritor, se le vuelan de una vez todos los fusibles y lastima a muchas personas, al final sale el autor de la novela (Vonnegut mismo dentro de su novela) y resuelve todo contándole la verdad de su existencia al Escritor de Ciencia Ficción, FIN.

Parecería una premisa mema, pero luego de pensarlo bien entendí perfectamente el porqué de la veneración a este libro. Primero no se parece otras novelas suyas; luego tiene un humor todavía más socarrón del que tiene y le mezcla una irreverencia casi infantil de la siguiente manera: a la novela la llena de ilustraciones que el autor hizo con un plumón de esos que ahora usamos para etiquetar cds y dvds; y por si fuera poco, como ya dije Vonnegut no nada más cumple con la función de narrador, también nos suelta sus ideas sobre su país, sobre la guerra, sobre la humanidad y el estado de planeta, y no, no está tirando netas aunque podría decirse que sí.

Como no le bastó andar escribiendo sus opiniones y sus ideales en la novela, interviene activamente en el desarrollo de la historia como un personaje; la novela dentro de sus curiosidades cuenta con una cantidad desproporcionada de personajes cuyas acciones son narradas con la misma diligencia que si fueran ellos los protagonistas; para acabarla de amolar, esas ilustraciones que están distribuidas por toda la novela son de “castores abiertos” (lol), sale también asteriscos (*), chamarras, chaquetas, la bandera nazi, la bandera gabacha, unos calzoncitos de niña, fórmulas químicas… en suma , hace lo que se le pega la gana, resultando que el libro se aproxima a la metaficción de un modo clásico pero a la vez atrevido, ¿no lo ven? En esta novela Kurt Vonnegut es Dios redactando (¿ideando?, ¿dictando?) la Biblia.

Los que amamos su sentido del humor, los que aprendimos de su estilo, podemos estar seguros que ésta sí es su obra maestra, modifica su modo normal de ser pero sin dejar de ser él mismo, deja el sello de la casa que es la misma sensación de otros trabajos suyos: que la vida es tragicómica y que por lo tanto no vale la pena tomársela en serio. Carpe Diem.

Vonnegut escribiría más trabajos de mérito después de esta rapsodia, por lo menos una novela cada 3 o 4 años, algunas colecciones de cuentos, escribiría ensayos en varios periódicos –me han dicho que muchos de sus escritos aparecían en La Jornada incluso cuando La Jornada dejó de ser un periódico plural para convertirse en un panfleto- siendo particularmente célebre el que publicó cuando W. Bush invadió Irak por los lulz, apenas murió hace un par de años de una manera ridícula, se cayó mientras bajaba de la escalera de su casa que da a la calle.

Vonnegut dejó dicho en el prólogo de Desayuno de campeones que escribió esta novela para irse preparando para cumplir los 50 años. Quiso renovar su obra, darle nuevos bríos e incluso cambiando un poco el cast de sus novelas cuyo espíritu está resumido en el siguiente diálogo que el autor tiene consigo mismo.

-Qué librito más malo te estás echando, eh –me dije a mí mismo.

-Sí, lo sé –me respondí.

-Lo haces para no acabar suicidándote como tu madre.

-Sí, lo sé.

Etcétera.

viernes, 24 de julio de 2009

Publicar y concursar

Según yo ganar concursos y publicar tus textos es algo muy bueno, pero hay veces en las que la realidad me demuestra que podría ser que nomás es pura vanidad.

Una noche que iba de regreso a casita después de uno de esos horrendos días en los que pasa de todo, un señor se me acercó para venderme sus libros, quesque para comprar su boleto de regreso a su tierra. Sus libros en general era de los llamados “Clásicos de la literatura” en ediciones baratas similares a las de Época u otra del mismo pelo. Edgar Allan Poe, Rubaiyat de Omar Khayyam y así, salvo una gran excepción, la que compré.

El título no podía ser más equis: Primer cuentario, por Adalberto Agudelo Duque, escritor colombiano, la segunda y tercera de forros daban cuenta de que era un escritor que en el año en que se publicó ese libro (1980) era un colaborador de diferentes revistas y que ese “primer cuentario” había ganado el primer premio en el concurso de cuento Caldas 75 años, pero fue una edición hecha muy a webo, por decirlo de algún modo.

El ejemplar que compré fue editado por la Biblioteca de Escritores Caldenses (Manizales, 1980) y rebosa de errores y chapuzas por todos lados: En lugar de usar fascículos de hojas dobladas y cosidas, fue cortada y pegada a la brava con la mancha chueca; las tapas son de vil cartoncillo en donde sólo le pusieron el título, el autor y la editorial; la fuente elegida para imprimir el texto era larga, recta y sin serifs, ya sabrán los feo que fue leerlo; además el cuidado editorial fue nulo, por lo que salieron dos que tres tecladazos por aquí y por allá, y para acabarla de amolar hay errores recurrentes como “sinembargo”.

O sea, una edición hecha nada más para salir del compromiso, quizás hasta haya sido hecha así con toda la mala fe.

Lo fabuloso de este volumen precariamente editado es que son cuentos interesantes. Lo primero que sale a relucir es que el autor también sabe de poesía, cuando a un escritor se le dan ambas cosas se nota en su retórica y en las figuras que emplea; la segunda cosa que se ve es la ausencia de nombres propios, pero no a la manera de Saramago, aquí no hay personajes sino descripciones, lo más próximo a un nombre propio son los oficios como “el leñador” o circunstancias como “Él”, peor todavía, hay cuentos en este volumen en los que de plano el único personaje es nuestro querido amigo “Anónimo”, sí, ese muchachón que encabeza raids auto-organizados en 4chan.org, que igual que fue Fuenteovejuna es en la actualidad el Jefe Final de los internets y que es uno y a la vez legión y que, sobre todo, jamás perdona.

Como esos textos son la multivoz de Anónimo, sobra decir son textos muy intensos en los que igual se lincha -linchar es uno de los pasatiempos de Anónimo- o se siente terror o pura rabia animal. Realmente no recuerdo haber leído textos así en este lado del hemisferio.

Cuando terminé de leer este volumen me fui al oráculo y le pregunté por este autor, me dio varias páginas en las que dan cuenta que casi 30 años después ha seguido publicando y escribiendo, su bibliografía es sumamente extensa y sin embargo (“sinembargo”) ésta parece tener nada más relevancia local, dentro de la zona de Manizales. Un escritor mexicano u argentino de menos de 40 años ya estaría manteniendo un blog o habría fundado una revista o algo por el estilo. Pero a Adalberto Agudelo Duque parece no importarle mucho lo de los interwebs o esa perruna lucha por sobresalir, pues está por ahí pacientemente esperando a que lo descubran… o quién sabe, a la mejor ya sus huesos reposan bajo el suelo fértil de Manizales y uno ni en cuenta.

viernes, 17 de julio de 2009

Nada que ver

Mi paisano Jorge Dorantes, alias El Llorch es posiblemente el mejor escritor tampiqueño de su generación y también, como le pasa a Sergio Zurita, uno de los escritores más ninguneados de nuestra bananera república.

La razón por la que ambos son ninguneados e incluso vilmente ignorados es que ambos trabajan para los medios masivos de comunicación, más en específico para el doctor René Franco, lo cual explica cabalmente el odio que parece tenerle la intelligentsia nacional a este par.

Ambos trabajaron para él en su programa de radio, de hecho Sergio Zurita trabajará per sécula seculorum para el susodicho; Jorge Dorantes ya no lo hace y aparentemente no lo hará más. Fue chalán de René Franco en El Economista cuando éste era editor de la sección de espectáculos y cuando René Franco decidió dedicarse a otros asuntos y dejar su silla de editor, el Llorch rápidamente se sentó en ella, colaboraron más tarde en la creación de algunos de los gags radiofónicos más hilarantes que hubo después de la muerte de Radioactivo 98.5. La época dorada del programa de René Franco se debió a la inclusión del Llorch en él y todo parecía ir bien hasta que el Llorch botó el arpa y se largó a Tampico a escribir una novela que permanece inédita y que ni siquiera sabemos si se terminó o no. El Llorch volvería a colaborar con René Franco, pero ahora en la tele, hasta que cometió el error profesional de irse a trabajar a un horroroso programa del canal Sonny conducido por un venezolano verdaderamente intragable.

El Llorch, a diferencia de Sergio Zurita, no es un autor muy prolífico, nada más ha publicado, hasta donde sabemos, una sola novelita llamada Nada que ver, pero que es una joya.

La novela trata de las desventuras de un pesimista crónico, llamado Rodrigo, que tiene una idea metida en la cabeza: todo es una trampa, se la está pasando chido porque Murphy tiene planes especiales para él, siente que en el momento que baje la guardia Murphy se le abalanzará Murphy ensartarlo como brocheta.

¿Cuáles son los motivos que Murphy le dio para pensar eso? Pues vive bien, gana un varo, es rostro, tiene una esposa y dos amantes y las tres lo aman con locura, Rodrigo piensa que algo no anda bien, y cuando se gana el sorteo del Tec esa idea se le vuelve una certeza y emprende el camino de la autodestrucción de una vez.

Lo divertido de esta novelita es que los esfuerzos de Rodrigo por autodestruirse son recompensados con el fracaso, pues Murphy, en su inalcanzable sabiduría, se percata de los propósitos de Rodrigo y lo castiga con todavía más buena suerte, para terror y asco de Rodrigo.

La novelita fue escrita con una prosa que además de ligera es precisa; posee un sentido del humor inusualmente negro y malandro para un nacido en los 70 y además los pasajes más oscuros cuentan con una sensibilidad que demuestra que por lo menos hay UN guionista de televisión que es capaz de sentir la vida a su alrededor y no nada más escribir chistes que no son chistosos o líneas para programas matutinos conceptualmente exagerados y gritados.

¿Por qué no escribe más el Llorch? Es un misterio, a la mejor porque le da flojera, quizá no se siente inspirado o puede que no lo quieren publicar, no se sabe, pero coño, está desperdiciándose un gran talento que por ahora languidece en la mesa de redacción de uno que otro talk show que son, a pesar de su presencia, puro fracaso, sida y cáncer. Y mientras tanto, escritores de calibres menores publican buenamente y la generación a la que él y yo pertenecemos se le conoce como “la Generación Invisible”.

Si hay justicia en el mundo Jorge Dorantes publicará no uno novela más, sino muchas otras, por el bien de las letras de Mexicalpan de los Tomates rogamos al Gran Espíritu por que así suceda.

domingo, 12 de julio de 2009

Chin Chin el teporocho

Hubo un tiempo, ya lejano, en que Armando Ramírez fue un joven valor de la literatura chilanga, cuando llevaba puesto un pantalón de mezclilla, una chamarrilla de pana con borrega por dentro y calzaba tenis o zapatos comunes. Cuando todavía no escribía de Tampendécuaro y sus joviales ciudadanos o salía en la tele ataviado en unos esmóquines tan pasados de moda como mayativos haciendo recorridos culturosos o realizando colaboraciones humorísticas en alguno que otro programa de radio. Fue en esos idos tiempos cuando Armando Ramírez escribió Chin Chin el teporocho.

Qué puedo decir, es una literatura hiperrealista debido a un descuido deliberado, deliberado por parte de la editorial y deliberado por parte de Ramírez, que entregó una carta a los editores y que éstos reprodujeron en el libro, pidiendo que la novela fuera publicada tal cual, con todos los horrores de dicción, ortografía y de oído, según que para darle mayor realismo a la novela, pues bien, descuido o hiperrealidad, es un dolor leerla así; ya que uno se acostumbró al dolor te topas con que está escrita en diálogos hilados que caen y caen y caen uno tras otro, uno tras otro, amenos, llenos en efecto del espíritu de Tepito y otros de los que entonces eran los barrios periféricos, los arrabales de la Ciudad de México.

Sí, es un libro bueno, más tomando en cuenta que Armando Ramírez tenía 19 años cuando se la publicaron y que su educación formal había sido tan buena como la de cualquier joven mexicano de principios del siglo XXI.

Lo interesante es esto que encontré por aquí sobre cómo escribe:

…pretendo escribir mentándoles la madre. No me interesa tener el respeto de la clase media, de la universidad o las sociedades culturales, nunca tuve una beca ni me he acercado a los grandes vudús para que me palmeen la espalda

Escribir como el Manitú te dio a entender, el sello que realmente distingue a los contendientes de los pretendientes, quizá debamos conseguir otro de sus otros trabajos. Digo, a final de cuentas aburrido no es.

Además de que el señor se puede rentar para asustar a los niños que no quieren tomarse su sopa.

Chin Chin el teporocho, Armando Ramírez, Editorial Novaro, 1972, Naucalpan, Estado de México.